Hoy durante un debate en el que reivindicaba mi independencia me han llamado "loba solitaria". A lo que he añadido, en un intento por ironizar el comentario con una reseña literaria:"Loba esteparia, por favor".
Mientras lenguas de llamas químicas prenden fuego a mi cabeza, el humo se mezcla con ceniza blanca que, libre, pinta remolinos en el aire diciéndome adiós.
Una vez, cuando era pequeña, más pequeña aún de lo que lo soy ahora, el cristal de mi ventana me cayó encima. Llevaba un tiempo suelto, y vibraba cada vez que pasaba un camión o una moto de gran cilindrada frente a casa. Pero ése, como tantos otros, era un problema que ya se solucionaría. Sin embargo, me cayó encima, y cerré los puños por delante de la cabeza para protegerme. Y así lo partí en mil pedazos de vidrio disecante.
Uno de ellos me abrió un ojal en la carne del brazo, que resultó ser amarilla anaranjada. Curioso.
Luego busqué a mi madre y me dieron 4 puntitos negros. Parecían hormigas. Cuando cayeron, dibujaron en mí una preciosa media luna. Esa fue la primera vez en que pensé ser médico.
Así pues, quizás sea una loba esteparia con el pelaje erizado de pura emoción al encontrarme por fin serena, aullando al mundo que encontré algo bueno en mi inmensa luna llena.
Iba yo paso tras paso por Gran Capitán, buscando zapatos seguramente, no lo recuerdo, y es costumbre mía pasar por delante del Gran Teatro, cuando me mira de frente un cartel. Es María de Medeiros. ¿En serio? ¿María de Medeiros? ¿Aquí? Si no sabes quién es ella te lo perdono, pero una vez que la hayas visto es imposible olvidar sus grandes e intensos ojos. María de Medeiros es de esas mujeres a las que yo llamo: "Del Renacimiento". Es actriz, cantante, y directora de cine, y vino a Córdoba a presentar su último disco "Pájaros eternos" en El Teatro Góngora. Ésta es su faceta menos conocida, pero tal vez la recuerdes por un tierno papel en Pulp Fiction como Fabienne. Era la novia ingenua e infantil de Bruce Willis. ¿Y ya está? NO.
Hace más de un año ya, me encontraba en el sofá de casa. Gary en estado catatónico por ser tan de madrugada y yo envuelta en la manta bajo el brasero. Pasaba los canales de televisión y todo el mundo sabe que a partir de las 3 no ponen nada bueno.
-¡Alto! Paramount Chanel. Empieza una película justo en este momento: "El diario íntimo de Anaïs Nin". Pinta bien. Gary levanta una oreja para comprobar de qué se trata y si voy a dejar de hacer zapping. Vuelve a dormirse. Supongo que ésa es su forma de darme su consentimiento.
Francia, años 30, fantástico, la noche mejora por momentos. Y aparece María como protagonista. Ya está, no voy a moverme de aquí. Mañana tengo clase, pero qué importa. Pulso la tecla de información de mi querido mando a distancia. El título original es "Henry & June" y Uma Thurman también aparece. Se trata de una película biográfica de la escritora francesa Anaïs Nin, basada en los diarios que ella misma escribió y publicó. En concreto habla de la época en la que conoce a Henry Miller y su esposa June, los cuales ejercieron una importante influencia sobre ella, su vida y su obra. -
Fue apasionante descubrir a Anaïs a través de María, porque nadie la hubiera interpretado mejor. Y gracias a ella y a mis noches de insomnio hoy conozco una mujer que se escribió a sí misma, que tuvo la generosidad de sincerarse con sus diarios y regalárselos después al mundo. Ella se entregó a la vida y a sus placeres, y no escatimó en detalles, ni de su cuerpo ni de su alma.
Y es increíble explorar con ella la sexualidad femenina, sin censura alguna, relaciones adúlteras, homosexuales, incestuosas, tuvo incontables amantes y de todos ellos habla en sus diarios. Anaïs vivió de manera escandalosa y supo reflejarlo en sus escritos.
Ahora me encuentro leyendo "Henry, su mujer y yo: Diario amoroso" y es como asomarse por un agujerito indiscreto al pasado y verla transparente y entregada a descrubrirse a sí misma. Todas las palabras del mundo se las ha llevado ella y es una explosión de sentimiento, es lava incandescente, viva décadas después. Estoy maravillada.
Las relaciones humanas son un placer agridulce, un arma de doble filo. Peligrosas, adictivas como la droga.
Tres imágenes de la película que me descubrió a esta apasionante mujer. El diario íntimo de Anaïs Nin.
El verano ha caído sobre mí casi sin darme cuenta. Hay una lista de cosas por hacer, bastante larga, pero la he arrancado del tablón, y le he dado la vuelta. Puedo posponerlo todo.
No estoy ni blanca ni morena, tengo un tizne intermedio que no combina demasiado con mi estrenado pelo rojo. Tampoco importa mucho.
He vuelto a casa, a mi cuarto, donde los cuadros nunca guardan la horizontalidad. Es una de esas cosas características que me hacen sonreír. El resto de mi desorden tiende a molestarme a partir de las 3 semanas de estancia. Por eso vuelo y cambio de nido a menudo. Me encantan los techos altos, y las paredes blancas. Ver mis libros en las estanterías vencidas por el peso.
Benito, el gato ha conocido a Harrison, el perro, y forman un imperfecto triángulo amoroso con Agarica, la coneja. Es sumamente curioso sentarse a observarlos, ver cómo se relacionan entre ellos, siendo enemigos naturales comparten mi casa y nuestro cariño. Y todo queda en un perfecto equilibrio, que continúa sin guardar la horizontalidad, pero ¿quién la necesita?
El calor aminora el paso del tiempo. Es como si se nos pegara a nuestras sudorosas pieles y se negara a marcharse. Luego, al abrir los ojos te encuentras de repente en septiembre y comienza un nuevo curso (el penúltimo). Aprendí de mis bichos a buscar los lugares frescos, y éste, frente a mi ventana, es uno de ellos. Aquí sentada he abierto una de las joyas de mi biblioteca, y por sorpresa, Money ha regresado desde ultratumba en forma de fotografía.
Money hace años que murió. Era el gato que mi padre regaló a mi madre cuando se casaron. 10 meses después llegué yo. Recuerdo sus grandes ojos azules vigilándome desde arriba, tumbada yo en la cuna. Quizás sea una invención mía, o un sueño, o realmente Money se sentaba a montar guardia. Nunca lo sabré.
Su mirada penetrante ha vuelto a vivir al abrir las tapas de Obras Completas de Pablo Neruda.
Money de los zafiros rajados.
Acabo con una joya de la música que en pocos años cumplirá un siglo. En 1925 se escribe para el musical "No, no, Nanette" este dueto para los protagonistas en el segundo acto. En él, una pareja imagina cómo sería su vida juntos, y yo caí enferma de amor al escuchar la versión de Pink Martini, cantada por China Forbes acompañada del cantante de jazz Jimmy Scott, quien curiosamente nació el mismo año en que se escribió Tea for Two. Deseo que la disfrutéis tanto como yo. Besos y abrazos.
Es una casa vacía, todo lo ha volado la tormenta. Todo lo que allí guardaba, lo que quería, lo que escondía. Manhattan está desolado, las fotos han desaparecido.
Ahora no hay puertas ni ventanas, lo mismo llueve que te abrasas de calor. Estoy a merced de las inclemencias del tiempo. La gente pasa, se asoma, mira y no ve. Prácticamente estoy desnuda. E invisible también. Quedan platos rotos en el suelo. Y me duelen los pies.
Si miro a contraluz veo subir y bajar las pelusas de Gary. Parece que bailen. Yo sin embargo tengo las puntas abiertas. Veo los rayos de sol porque veo el polvo que flota en ellos.
Me niego a los finales tristes, a que los libros y el cine me decepcionen. Qué razón tiene Bradley Cooper en El lado bueno de las cosas. ¿A qué juegas Hemingway? ¿No tenías suficiente? ¡Por la ventana que vas!
-Cuando consiga una ventana que romper, claro-.
Gary y yo en Manhattan escuchamos música en el salón de esta casa vacía.
Era otra tarde igual a las que sucedieron las semanas anteriores. Fuera hacía frío, y en casa de Fenix no. Denis acudía a verla regularmente tal y como habían acordado. Estaban entablando lo que podría definirse como "amistad". Más allá de que Denis pagara su tiempo igual que cualquier otro cliente, empezaba a sentirse a gusto en la compañía de Fenix, y quería creer que era algo recíproco.
Charlaban, bebían y fumaban. Denis incluso se deshacía de su chaqueta y se desabrochaba el chaleco y los primeros botones de la camisa cuando aparecía por la puerta. Ella sabía como hacer de aquella casa un hogar. Sin embargo, por mucha confianza que parecieran tener, Fenix se mantenía en su posición. Denis se planteaba en ocasiones si no sería ella en realidad, la que necesitaba su ayuda. Pero aquella mujer era un enigma.
-Fenix, ¿por qué lleva usted siempre zapatos de tacón?
Incluso estando en su casa, conmigo, a quien no ha de seducir. No lo entiendo. ¿No le duele al caminar?- preguntó el joven con tono dubitativo.
Fenix se negó a contestar inmediatamente. Se hizo un silencio incómodo pero Denis no quiso decir nada, tensando la fina cuerda que había lanzado a la muralla de la chica, en pos de intentar subir a ella y ver qué escondía.
-Las mujeres como yo hemos de andar sobre las espinas
de las rosas que ustedes les regalan a otras. No podemos permitirnos el lujo de
andar descalzas, Denis. Nunca. Pisamos los cristales de vuestras ilusiones
rotas cuando venís a colgaros del pecho. Caminamos sobre las ascuas del
desprecio de vuestras esposas. De la decepción de nuestros padres. No se preocupe por mi. Con mi tacón piso fuerte, me hace más
alta, caminar más erguida, me da la dignidad que he pagado por esta vida. Por
eso, no, no me duelen los pies al caminar, Denis. Y despojarme de ellos
significa para mi quedarme en la más absoluta desnudez, aunque no haya nada más
que cubra mi sexo.
-¿Nunca se los quita? ¿Ni para…trabajar?
Fenix negó con la cabeza. Dio una última calada a su cigarro y exhaló el humo. Tardó el tiempo justo en volver a coger aire, hasta sentir que se ahogaba. Pero no. Respiró de nuevo, esta vez para volverse y sonreir a Denis. Y allí estaba él, inclinado hacia delante, sentado con los codos apoyados en las rodillas y los dedos enlazados sobre la boca. Y le sonrió.
Tener cuarenta años el día que suban de
nuevo una aspirina tan grande al cielo. Hoy estaban los mares revueltos y
caprichosos, jugando a pillar en la Caleta. Preguntarse si los lobos aullarán
aún más alto.
Algún enamorado está bajando la luna a
los pies de su princesa, asomada en la ventana con este espejo alumbrada. Y que
le cante la tuna y las rancheras esta noche, que la oiga bailando los
cascabeles de Mecano, cantándole a la luna llena.
Escóndete tras ella, hoy que es imperiosa,
no te encontraré ni hoy ni nunca, preso del eclipse y de las sondas espaciales.
Que me dejas trastornada, con sed de
letras incapaces de salir, mientras que frustrada, compro zapatos, en un
intento absurdo de mantenerme ocupada, ahora que no puedo evadirme conduciendo.
Ya llegó la primavera, ya llegó. Otra más y una menos, hasta que cumpla 40 y
vuelvas a acercarte. No sé cómo seré ni desde donde te veré, pero alli te
esperará mi yo del futuro y te contará qué pasó, cómo y si logra adivinar, por qué.
Fin que pongo lamentando mientras tú y
yo nos miramos cara a cara. Ojos, nariz y boca. Sonrisa blanca en la sombra de
las nanas que cantan las madres a sus hijos alunados.
Un problema es tal porque tiene solución. Saber cual es un misterio. La respuesta puede ser No, puede ser Sí... ¿Es la correcta? Mi madre usa un método infalible en tales situaciones. Coge una nuez, con sumo cuidado la abre. Ahora tiene dos mitades. En la fuente donde sirve la ensalada vuelca una jarra de agua. Dos papeles. Dos opciones escritas. La mitad de la nuez me la como yo, y hago sitio en la cáscara a la solución primera. Ella hace lo mismo con su parte. ¿Preparados? Comienza la carrera. Gana la respuesta que llegue antes al otro borde de la ensaladera.
Partí una nuez y subí a ella con un gorro marinero y una camisa de rayas. Jamás descuido la estética.
El sol doraba mi piel, pero seguía con la cara blanca, -color aceituna, que diría mi madre- y navegué. Yo misma con mi cáscara de nuez me propuse surcar las aguas en busca de Dios sabe qué.
El viento me revolvía los cabellos, y unas sábanas de lino blancas me sirvieron de vela.
Todo era calma, todo era armonía. No me preocupaba nada que no se viera desde el catalejo pirata. Cantaba canciones al ron y a las mujeres bellas, cosa que queda muy bien en las películas si salen de labios de un barbudo hombre que fuma en pipa. Pero yo era una señorita.
Pasaron los días y las noches. Los días cálidos, las noches frías. ¿A dónde iba? No importaba, tarde o temprano me encontraría. Era capitana de mi cáscara de nuez.
Hubo entonces un resorte entre las olas y emergió, poco a poco en el azul horizonte una isla.
Tú aún no lo sabes, pero estabas allí.
¿Qué pasa? ¿No se ha dado cuenta? Soy pirata callejera y no miras mi barca de madera.
Estás en tu isla con tu cubo de arena. Pareces tan ocupado que no voy a gritar e interrumpirte. Se te ve tan concentrado, tan alto y uniformado.
Voy a echar el ancla -es un tenedor atado a una corbata- y voy a sacar las piernas fuera de mi nuez-barquera. Este es el plan:
No hay plan, no hay reglas.
De tu boca a mi boca van decenas de palabras enlazadas con nudos marineros. Gobiernas la república de tu isla independiente tras esa coraza de conchas color de arena. Y yo ya estoy descalza, dispuesta a caminar por esta elástica orilla, ahora tuya, ahora mía. La pregunta es: